1 ago. 2017

Novedades en Agosto



Seguimos en Veranito, y con más novedades para poder disfrutar de ellas ... Recordar que podéis comprarla directamente desde aquí ...






31 jul. 2017

Libro Viajero Espía del Amor

Holaa!! Ponemos en marcha otro libro viajero ... en esta ocasión la autora es Eva Gil  y será de una de sus historias "Espía del amor" , Próximamente estará la reseña en el Blog .. 


En esta ocasión queremos que sea rápido ya que yo lo he terminado de leer ya, así que ponemos como fecha de Límite para apuntarse hasta el día 9 de Agosto.. 


Me imagino que muchas sabréis que es un libro viajero.. si no lo sabéis o tenéis alguna duda podeis mandarme un correo al elrinconcitodeminny@gmail.com


Esta es la historia, yo tengo que decir que me ha gustado mucho y que me ha vuelto a sorprender Eva con esta historia ... 



8 jul. 2017

Bujias de Pasión

Capítulo 11

            —Aún no has ganado—le contestó Laura con un guiño y dando un trago a su cerveza.
            Robert golpeó con fuerza las bolas e introdujo varias bolas en las troneras. La sonrisa del que se sabe claro vencedor inundó su rostro, y por momentos cualquiera hubiera dicho que estaba pensando ya en cómo cobrarse el premio. Y quizás fue eso lo que le hizo errar el siguiente tiro.
            —Ay, qué pena, con lo bien que ibas…—rio Laura al ver la cara de decepción del chico.
            —No pasa nada, yo puedo permitirme esperar, ¿no te parece?
            —Si tú lo dices…—Laura apoyó el taco su el suelo y comenzó a girarlo sobre sí mismo mientras no quitaba la vista de la mesa. Su gesto se tornó a serio y concentrado, estaba estudiando la situación de la partida.
            —Adelante, adelante—la instó él.
            —No seas impaciente—Laura lo miró un instante, le regaló una sonrisa picarona, se giró hacia los clientes de la barra que observaban expectantes la partida, y gritó—. ¿Ya?
            Un grito ensordecedor aunó las gargantas de los allí presentes. A Robert le recordó el grito de ánimo de los espartanos. Estaba perplejo, Laura volvió a mirarlo, sonrió de nuevo y le hizo otro guiño antes de asir bien el taco, colocarse en posición y comenzar a entronar una bola tras otra a toda velocidad. Fin de la partida, iban cuatro a una.
            Todo el local comenzó a vitorear el nombre de Laura ante la atónita mirada de Robert.
            —No ha estado mal, buena partida—dijo el chico mirándola—. Una cosa es segura, y es que juegas en casa, ¿eh?
            —Tengo mis fans…—contestó ella colocando las bolas nuevamente y preparándose para sacar—. Me toca.
            —Adelante, adelante. Faltaría más—gesticuló de forma cortés Robert—. Suerte.
            —Gracias—sonrió ella, ya preparada para abrir, y sin dejar de mirarlo fijamente, deslizó el taco y golpeó con fuerza la bola blanca, impactando con las demás con tal violencia que se desparramaron por el tapiz y cuatro de ellas entraron en las troneras, ante la incredulidad de él.
            Tiro tras tiro fue embocando una a una todas las bolas, con tiros precisos, estudiados, dejando la bola blanca donde quería para seguir introduciendo el resto de las bolas en las troneras; hasta que finalmente volvió a meter la negra y alzó vencedora el taco entre los gritos entusiasmados del local.
            —Cuatro a dos…—dijo toda sonriente.
            —Vaya… Ha sido impresionante, la verdad—contestó Robert yendo hacia la mesa para colocar las bolas—. Me toca abrir, así que no sueñes con una hipotética remontada.
            —¿Por qué no? Soy muy optimista—se acercó lentamente a él antes de que sacara, y cerca del oído le susurró—. Además, te veo algo nervioso ya…
            —¡Qué más quisieras!
            Robert sacó con mucha fuerza, al igual que las veces anteriores, pero esta vez la suerte quiso que no entrase ninguna, pese a que varias estuvieron cerca de colarse en las troneras. La rabia y la decepción hicieron acto de presencia en su cara, sabedor de perder el turno, y algo inquieto por dentro a causa del devenir de la partida.
            —Ahora me toca a mí…—Laura cogió su taco y se dispuso a aprovechar la ocasión.
            No falló ni un solo tiro, jugó con serenidad, pensando cada movimiento, cada recorrido de cada bola, y ganó la partida con sencillez, como si aquello lo hiciera todos los días. En cuanto ganó, lo miró.
            —Cuatro a tres. Esto huele a remontada, motero.
            —Aún no ha terminado…
            —Tienes razón, estás en lo cierto—sonrió la chica—Me toca sacar.
            Laura colocó las bolas despacio, con tanta calma que comenzó a desesperar aún más a Robert. Por primera vez desde que comenzó el reto, sentía cierta inseguridad; tenía la sensación de que la mala suerte se había cebado con él. Y ella lo sabía, lo olía, se lo notaba, y por eso estaba jugando todas sus cartas.
            Laura lo miró, sonrió y volvió a hacer un saque potente, introduciendo las mismas cuatro bolas que hacía dos partidas atrás. Lo que sucedió a partir de ahí fue prácticamente una copia de antes. En un santiamén la chica había liquidado la partida y permanecía con los ojos bien fijos en los de Robert.
            —Empate…—murmuró en voz baja.
            Robert prefirió no decir nada, intentó mantener la compostura y avanzó hasta la mesa fingiendo una confianza que ya no tenía. Colocó las bolas con las manos casi temblorosas y se dispuso a sacar.
            Se hizo el silencio en el local, la gente dejó de hablar y alguien incluso bajó el volumen de la música. El espectáculo estaba  en la mesa de billar. Robert se puso más nervioso todavía, cerró los ojos, respiró profundo para relajarse y después golpeó con todas sus fuerzas, haciendo que entraran dos bolas. La sonrisa regresó a su cara.
            Laura observaba expectante junto al resto de la clientela, esperando algo, y ese algo llegó cuando a Robert le faltaba por meter una bola más y la negra. Falló el tiro, la bola se quedó a milímetros de entrar, y entonces se puso blanco, se temió lo peor y se apartó de la mesa para dejar paso a su contrincante.
            Ella tampoco dijo nada, se limitó a dejar entrever una leve sonrisa pero manteniendo la concentración de la que había hecho gala desde hacía un buen rato, concretamente desde el cuatro a cero.
            A cada bola que fue metiendo Laura, más desesperado se volvía Robert, que intentó mantener el tipo como pudo, hasta que finalmente y con un magnífico tiro a tres bandas, aquella chica coló la bola negra certificando la derrota del chico.
            —C’est fini—gritó Laura haciendo reverencias hacia cada zona del local para agradecer el apoyo de todos.
            —Me has hecho creer que no sabías jugar, ¿verdad?—le preguntó Robert sin quitarle ojo de encima—. Las cuatro primeras partidas, me refiero.
            —Pues te seré sincera… Sí, me apetecía jugar primero contigo y después al billar. Espero que no te enfades demasiado…
            —Enhorabuena, has conseguido engañarme por completo. Una jugada maestra, reconozco mi derrota.
            —Gracias, motero… pronto reclamaré el pago de la apuesta…
            —Cuando quieras.
            —Tranquilo, ya te lo haré saber—sonrió Laura—. ¿Otra cerveza o prefieres una copa?
            —Oh, no, no, gracias, de verdad. Creo que ya he tenido bastante por hoy, va siendo hora de que me vaya.
            —¿Ya? ¿Tan pronto?—Laura lo miró curiosa—. ¿Acaso has quedado? ¿O la humillación es demasiado dolorosa para tu gran ego…?
            —Ja, ja y ja. Simplemente que es tarde y no acostumbro a salir entre semana. Nada más.
            —Venga, hombre, ¿no lo dirás en serio?
            —Muy en serio—contestó de forma pausada Robert—. No es broma, ya es hora de irse, cuando quieras pago mi apuesta y punto.
            —¿Y si digo que el pago de la apuesta comienza ahora?—Laura lo miró entrecerrando los ojos.
            —En ese caso cumpliría mi parte, como debe ser. ¿Es eso lo que quieres?
            —Ummm—Laura hizo ademán de ponerse pensativa, pero respondió rápidamente—. No, la verdad es que prefiero cobrarme la apuesta en otro momento. De veras que me gustaría que te quedaras un rato más bebiendo conmigo, pero tú eliges, motero.
            —Te agradezco el ofrecimiento, pero de verdad que ya he tenido bastantes emociones por hoy—Robert se disculpó mientras se acercó a ella dudando si darle dos besos de despedida o no—. En otra ocasión.
            —Como quieras, motero—Laura se adelantó al chico y le plantó un beso en la mejilla antes de que reaccionara siquiera—. Venga, te acompaño hasta la puerta, no quiero que te hagan algo…
            —Oh, qué generosa…—Robert suspiró resignado mientras echaba a andar detrás de ella en dirección a la puerta.
            —Por cierto, que no te he preguntado—dijo Laura cuando salieron del local—. En moto seguro que no has venido… ¿Cómo has venido, motero?
            —Hoy he venido en…—Robert levantó su brazo para señalar su coche y entonces sí que se quedó blanco—. ¡Joder! ¡Maldita sea!
            Laura giró rápidamente la cabeza hacia donde señalaba el chico, y al momento se dio cuenta del vehículo que lo trajo y el porqué de aquella reacción. Habían destrozado completamente el coche, incluso desde donde ellos se encontraban podía advertirse. Robert echó a andar hacia el lugar con las manos en la cabeza y maldiciendo en saber qué idioma. Ella lo siguió hasta llegar junto al Giulietta. Los neumáticos rajados, las lunas hechas añicos, los faros rotos, los retrovisores arrancados de cuajo y el techo, el capó, los laterales, etc, llenos de abolladuras.
            —Qué bien…—murmuró Robert apoyándose en el maletero  y tapando su rostro con las manos—. Lo que me faltaba…
            —Lo siento mucho…—dijo Laura en voz baja, tampoco sabía qué decirle en aquel momento.
            —Si ya sabía yo que no era una buena idea venir aquí… ¿Por qué demonios te habré hecho caso?
            —Ey, ey, ey—le chistó Laura—. A mí no me eches la culpa, ¿eh?
            —No te echo la culpa, perdona…—Robert sacó su móvil y comenzó a buscar en los contactos—. Llamaré a un taxi y mañana será otro día, ¿no?
            —Anda, déjate de tonterías—Laura le quitó el móvil de las manos y se lo guardó en el bolsillo—. Cojo mi chaqueta y te llevo a casa, ¿vale? Y sonríe un poco, motero…